¿Se me permite enojarme con Dios?
Sí. La Escritura está llena de ello, y el enojo no se quitó antes de escribirse. El enojo dirigido a Dios es una forma de relación; el silencio cortés a distancia no es más fiel, solo más callado. Di lo que de verdad crees que pasó. Dilo con tus palabras, incluso las que no repetirías a nadie. La tradición siempre tuvo lugar para quien grita y se queda, y considera que el quedarse es lo esencial.
La palabra antigua es taaná — un reclamo, un argumento llevado ante Dios: los patriarcas y profetas discutieron con el cielo, y se les contó como cercanía, no como pecado.
De las fuentes «¿Hasta cuándo, Señor? ¿Me olvidarás para siempre?» — Salmo 13