Mi hijo no cree. ¿Debo orar por él de todos modos?
Sí, y en silencio. Una oración no es una palanca; no necesita permiso ni debe volverse una discusión que le haces a distancia. Ora por su bien, no por su acuerdo. Pide que sea guardado, que su vida se llene de un sentido que reconozca como suyo, que sea bien amado. Lo más persuasivo que encontrará jamás no es tu certeza; es tu firmeza.
La antigua guía es jinuj al pi darko — criar a un hijo según su propio camino: tú siembras, tú cuidas, pero el crecer le toca a él, libremente y a su tiempo.
De las fuentes «He aquí, herencia del Señor son los hijos» — Salmo 127