¿Cómo sobrevivo a un divorcio sin volverme amargo?
Pide lo que la amargura ofrece y no puede dar: un yo que ya no se construye en torno a la herida. Haz duelo con honestidad; nombra lo que te quitaron y lo que entregaste. Pero no hagas de la oración un caso contra el otro — eso te mantiene atado a él. Pide más bien poder volver a desear cosas buenas, y, cuando puedas y no antes, también su bien. Por el bien, nunca contra nadie.
La expresión es refuat halev — una sanación del corazón: no olvidar la herida, sino dejar de estar gobernado por ella.
De las fuentes «Él sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas» — Salmo 147