¿Cómo enfrento el miedo a la muerte, la mía o la de un ser querido?
No trates de razonar el miedo hasta hacerlo desaparecer; es honesto. Pero fíjate en lo que hace: convertir toda la vida en la sala de espera de su final. Pide más bien vivir el tiempo que tienes con los ojos abiertos — amar sin rodeos, decir lo no dicho, dejar menos sin hablar. Una vida vivida a fondo es la única respuesta real que el miedo recibe.
La palabra es emuná — confianza: no la supresión del valle oscuro, sino la promesa de que no lo cruzas solo.
De las fuentes «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo» — Salmo 23