¿Cómo encajan los ataques de pánico y la fe?
Encajan como una pierna rota y la fe: una es un cuerpo haciendo algo, la otra no es un tratamiento para ello. Un ataque de pánico no es un veredicto espiritual ni una falta de confianza. Consigue ayuda real — respiración, terapia, medicación si la necesitas. Y ora de todos modos, en el escaso vocabulario que el pánico te deja: ayúdame, quédate conmigo, sostenme. Gente de fe tiene ataques de pánico. La oración es compañía para la tormenta del cuerpo, no un examen que reprobaste por tenerla.
Un versículo nombra justo este rescate — cuando mis inquietudes se multiplicaban, tus consuelos, tanjumim, alegraban mi alma: no la tormenta quitada, sino consuelo dentro de ella.
De las fuentes «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consuelos alegraban mi alma» — Salmo 94